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Cuando el silencio, nos calló (Dias de confinamiento)

Después de estos dos últimos años tan complicados, me centre en el siguente año tan redondo un número realmente prometedor, poco a poco me iba haciendo a la idea que mi vida iba a dar un salto cualitativo importante, sentir el sufrimiento a través de los ojos de lo que más quería (mami) fue mi peor pesadilla y me dejo sin aliento tantas veces, que tuve que aceptarlo como parte de mi vida.


Pero lo que te hace cambiar ante una situación tan dramática es la actitud frente a tanto sufrimiento.


Por ello decidí inagurar; el año, viajando, viajar siempre ha sido para mi una gran terapia de choque en los peores momentos.

Conocí una ciudad desconocida, pero con mucho corazón y personalidad, como Lisboa. El año empezaba bien, sabia que esta escapada, me ayudaría a digerir mejor mi estado de ánimo y seria mi mejor tratamiento para afrontar mi duelo.

Deseando que este nuevo año que estrenábamos fuese dinámico, reparador y activo pero la vida, muchas veces tiene sorpresas guardadas en la retaguardia, el confinamiento seguiría pero en esta ocasión acompańada del resto de la humanidad.


El sufrimiento deja de ser sufrimiento, cuando encuentra un sentido.

Años de confinamiento, de encierro, reclusión, de cambiar mis rutinas, de ser consciente que la vida es frágil de padecer crisis de sentir una nueva sabiduría de ser resilente. De no tener miedo a la vida ni a la muerte, de un aprendizaje forzoso pero maduro, por que la vida es cambiante y hay que aceptarlo.


Puse la esperanza en el nuevo año, como una nueva oportunidad de vivir ¿pero quien nos los iba a decir? que la humanidad padecería una pandemia a nivel mundial y un estado de alarma de estas características.


Y la quietud y el silencio se apoderaría de nosotros y muchos reflexionaríamos sobre lo afortunados que éramos, la tierra nos pedía a gritos un respiro, y la humanidad hacia oídos sordos a una situación alarmante.


El Futuro es incierto el presente es ahora

Los primeros dias entre en pánico por un momento, pensé lo estremecedor que seria vivir una guerra me acorde de ellos, de mis abuelos, nunca entendí por que mi abuela materna. Tenia tantos miedos y siempre estaba tan asustada, pero en aquellos primeros días de incertidumbre y perplejidad lo supe, lo interiorize y lo viví, acordándome de ella, cada día y comprendí sus inseguridades y sus miedos ante lo inesperado y desconocido.


Y de todas aquellas personas desconocidas que tuvieron la fatal coincidencia de caer, en tiempos revueltos de profunda oscuridad y horrores.


Pasaban los días, las semanas empeze a pensar en aquella niña, también, tan creativa Ana Frank, que se paso más de dos años, encerrada confinada y escondida, en aquel pequeño ático entre siete personas más, compartiendo el silencio y el miedo a ser descubiertos por los Nazis.


Pude visitar su casa en un viaje a la ciudad de Ámsterdam, hace ańos quise conocerla, fui sola, busque la ubicación y me fui.

Mientras me iba acercando a aquel edificio estrecho con su fachada oscura rodeada de arboles “llamada la casa de atrás” la garganta se me iba secando y me recorría por el cuerpo una sensación extraña, una energía rara, empezó a picarme el cuerpo como una pequeña urticaria sintiendo a cada paso que iba avanzando, lo angustioso que pudo ser aquello, aquel confinamiento forzoso y obligatorio, por sobrevivir, sin saber, si; habría esperanza de ser libre algún día o terminarían en el infierno.

Fue demoledor para mi mente, pero aquella visita me hizo pensar y reflexionar, sufrí por ella, por aquella niña inocente que solo quería ser escritora y le cortaron las alas le cortaron la vida.


De que nos quejamos??…Me pregunto… De que nuestro bienestar se tambalea??..De que un virus invisible nos ha puesto en jaque??.. De estar en casa alimentados y cómodos??…


El silencio, nos acompaño, para poder escuchar mejor.

Empatizemos; por un momento el silencio es necesario y la gente no sabe estar callada hay que escuchar nuestro entorno, la tierra nos pedía a gritos “AYUDA” bajar las prisas es un ejercicio de conciencia y de amor hacía nosotros mismos y hacia nuestro planeta.


Cuando tú mundo se vuelve del revés, sin preguntártelo; ni tan siquiera avisarte es muy duro, pero aprendí en mi confinamiento personal que la paciencia, el tesón y la buena voluntad, es lo que te hace ser resistente. Que la salud, los amigos de alma y la familia es lo más importante.


Que somos unos afortunados, de vivir en los tiempos que vivimos, gracias a los avances, podemos curarnos, podemos vivir más ańos, podemos ser más felices.


Ahora entendí, que nunca hay que hacer planes, ni a medio, ni a largo plazo, que hay que llenarse la cabeza de sueńos y la agenda de acciones, que la vida urge, pero sin prisas que el stress te acelera y no te deja respirar.


Y la quietud, se apoderaría de nosotros, con nuestras ciudades vacias y apocalípticas.

Pero que equivocada estaba el nuevo ańo me paro en seco, otra vez tal vez…tenia que seguir haciéndome un nuevo examen de conciencia para disfrutar de la sencillez tal vez…teníamos que unirnos todos, para agradecer, para perdonar, para aplaudir, para darnos cuenta lo importante de un abrazo, de un te quiero a tiempo, tal vez teníamos que perder para después ganar.


De disfrutar de una charla con amigos, de saborear una taza de café con tiempo, de leer sin mirar el reloj de tener silencio, por que el silencio nos calló para poder escuchar mejor a nuestro alrededor.


2 comentarios en “Cuando el silencio, nos calló (Dias de confinamiento)”

  1. Muy bonita tu refexión sobre este tiempo de encierro ppr la pandemia. Como dice el dicho” el hombre propone y Dios dispone” y los planes se van al traste. O como dicen los militares ” la primera víctima de toda guerra son los planes de batalla”.
    En fin yo he aprovechado, cuando me centré, para hacer cosas que tenía pendientes. No las he acabado todas pero las he adelantado bastante y alguna acabado.

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